Máster en decencia

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Un máster en sentido común es lo que le hace falta a muchos, un máster para no ser una rata, una rata sin escrúpulos ni decencia. La lengua se me vuelve viperina, cuando escucho Ana Mato o Javier Rodríguez. Echar balones fuera es de ser unos mediocres y cobardes, no asumir responsabilidades es de indecentes, pero culpar a la víctima es simplemente ser unas malas personas. Para mí la dimisión no es suficiente, lo que ustedes hicieron es un crimen contra la salud pública. Usar la tijera de la manera en que lo hicieron, como si lo que cortaran fuera hojas de colores en preescolar y no derechos y servicios básicos tiene sus consecuencias.

Pero no seamos hipócritas que en el mundo, de ébola, mueren todos los días personas, personas negras, ya sabemos cómo funciona esto. Sólo interesa si nos toca de cerca, es regla de periodismo; una regla que todavía no soy capaz de entender, si es persona, es persona, ¿qué importa?  Aunque aquí nos preocupamos más por el perro, que es una aberración sí, pero que quieren que les diga, Excalibur no es el único que tiene nombre y muere.

Y se me revuelven las tripas, y el vello se me pone de punta y no es miedo, en realidad, el ébola es fácil de controlar, o eso dicen los expertos (los de verdad); lo que yo siento es rabia, mucha rabia. Porque me empeño en creer que un mundo mejor es posible, porque lo deseo de verdad y lo único que me están dejando es MIERDA. Siento lo escatológico de la palabra, pero no hay sintagma más clarividente que resuma lo que están haciendo. Yo de verdad que tenía fe en la humanidad, ponía la mano en el fuego por el potencial humano y después leo “para explicarle a uno como ponerse un traje no hace falta tener un máster”. Me quedan tres opciones: una demasiado radical, otra ponerme a llorar y la otra comenzar a teclear como una posesa. Ya se imaginarán la que elegí.