Alter Ego
Alter ego viene a significar una persona real o ficticia en la que otra se reconoce o con la que se identifica.
Las personas somos complicadas sin llegar a vislumbrar por qué y nuestras facultades pueden ser sobre o infra valoradas y como a alguien que ha sido diagnosticada de un proceso, que antes de la clasificación de la asociación norteamericana de psiquiatría, o, el código de identificación de enfermedades en Europa, se denominaba psicosis-maniacodepresiva obtenemos una valoración, y sin embargo, y pese a que cualquiera puede realizar un ejercicio mental para conocerse, el ser humano intenta no hacerlo, de hay la frase atribuida a Bogar, no el actor: “Hay gente que está encantada de no haberse conocido”.
La mentira a uno mismo y a los demás es innata e inherente al ser humano, y existen indicios de creencias como: “Necesitamos creer en un mundo justo” o, “Que la gente tiene lo que se merece”.
Pues bien la justicia resulta una utopía, o sea, un plan o sistema muy bueno y atractivo, pero irrealizable.
¿Por qué irrealizable?
Porque como Jano, el dios de las dos caras, asociado a los inicios, los umbrales y las transiciones, nos desenvolvemos en nuestro mundo, mostrando una y aplicado la otra.
Verdad y engaño, equitación o, mejor dicho, binomio en el que tiene que prevalecer una de las dos, y en la mayoría de los casos, acaba imponiéndose el engaño.
Por ejemplo, nos miramos al espejo y, en lugar de describir lo que observamos, vamos cambiando, alternando los matices, las medidas hasta ver, hasta vernos como queremos, pero no como somos.
Esto supone y confirma que nos engañamos, y aún esto es algo que ha ido tomando más forma desde el uso de palabras como autoestima y autoconfianza, arrastrándonos al lado maniaco del proceso psicótico. No solo somos buenos y conocedores, sino que superamos al resto.
Siempre se ha escuchado lo de comparándonos con quién, y en este caso, el quién no importa, somos buenos y conocedores de forma autotarquica (es decir autosuficiente, capaz de bastarse a sí mismo o que tiene autonomía), cuando esto constituye, sin lugar a dudas, una falsedad cognitiva, pero aprobada por el alter ego, quién toma las riendas del asunto, sin plantearse a priori su conocimiento, es decir lo que desde el oráculo de Delfos, y representado en la persona de Sócrates, se observaba como: “Conócete a ti mismo”.
El desconocimiento hacia si mismo, y el intentar conocerse entraña un miedo, que a su vez en el plano psicológico genera ansiedad que es: “En realidad, ¿Soy tan bueno y conocedor como me creo?”, y es que la palabra convertida en verbo CREER dificulta el proceso probatorio. Por ejemplo, en la película : “La solución final”, Adolf Eichmann, cuando se rompe una pieza de la vajilla, le pregunta al mayordomo si habrá suficiente, y este le contesta: “Creo que si”, a lo que Adolf Eichmann insiste: “¿Lo cree o lo sabe?”. Eso es lo que ocurre cuando usamos el verbo creer en cualquier conjugación.
El conocimiento de nuestras limitaciones supondría un control sobre las circunstancias que nos ocurran, dado que sabemos y no creemos que es lo que podemos hacer.
Sufrir, aguantar, porque sino, de otra manera, sucumbiremos por desconocer la medida, la nuestra, teniendo presente que dicho conocimiento debe ser tenido en cuenta, en el plano físico, psíquico, social, e incluso espiritual, mas no solo debemos tener el conocimiento sino aplicarlo en cada caso, según la prueba a la que seamos sometidos en las mencionadas condiciones de sostenimiento, como he escrito antes física, psíquica, social y espiritual, y lo reescribo para prestar, si cabe, más atención que cuando aparece escrito solo una vez.
Por consiguiente, nos encontramos con un reto en pleno siglo XXI, conocernos y no creer que nos conocemos, y habiéndolo logrado; objetivo difícil, ponerlo en marcha, en funcionamiento, tal y como cuando Morpheo le dice a Neo en la película “Matrix”: “No es lo mismo conocer el camino que andarlo” y si deseamos citar a un compatriota nuestro, mencionare a Antonio Machado y sus versos, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Si hay algo que objetar del siglo XXI es que con los descubrimientos, investigaciones y tecnología desarrollada, se ha alcanzado un grado se pseudo conocimiento, o de conocimiento alterado por toda la información conseguida que origina confusión, perplejidad, y aunque nos creamos autoconfiados y autoestimados, ser más vulnerables que nuestros antepasados, que por otro lado, genera muchas dudas sobre nuestro futuro, porque como explicó el científico de la película “Mégalodon”: “Los hombres descubrimos y destruimos”, y si se visualiza la historia ser puede sacar enseñanza de dicho particular, como se deduce, sin marcharnos tan lejos, si no solo al siglo anterior: “El proyecto Manhattan”, su director Oppenheimer, el autor del proceso destructivo, después del descubrimiento. Truman (entonces presidente de los Estados Unidos de América) y el desenlace de este proyecto en la destrucción de dos poblaciones japonesas : Hiroshima y Nagasaki, y las subsiguiente radiación hasta lo que sabemos.
Por todo esto, como decía mi abuelo materno : “A quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga”.

