Melones

Ayer domingo, 51 millones de italianos estaban convocados a las urnas con motivo de la celebración de elecciones generales al Congreso (400 miembros para la Cámara de Diputados y el Senado de Italia (200 miembros del Senado de la República).

Cabe señalar que para estas elecciones, se votó en referéndum, el 20 de septiembre de 2020, una drástica reducción de representantes, antes eran 630 diputados y 315 senadores, con un ahorro público estimado en MIL MILLONES DE EUROS EN DIEZ AÑOS.

Algo que en nuestro país sería muy bien recibido por los ciudadanos que siguen viendo excesivo el número de diputados y senadores y especialmente su coste económico.

Un 64,91% de quienes podían hacerlo expresaron su libre voluntad en las urnas decidiendo soberanamente entre las numerosas opciones existentes en la enorme “papeleta” desplegable.

De ellos, un 26,03% dieron su voto a la candidatura de Hermanos de Italia y especialmente a su líder, Giorgia Meloni (“melones”), que con 7.144.000 votos puede convertirse en la primera mujer en presidir un gobierno en la historia de Italia.

Sus “socios” de gobierno serán La Liga, con un 8,87% (han perdido un 59% de los votos logrados en las anteriores elecciones) y Fuerza Italia, con un 8,28% (que en su caso han perdido un 50%), conformando una coalición de derecha y extrema derecha por deseo expreso de los italianos.

En política, propios y extraños cuentan la feria en función de cómo les va a ellos y cuando son meros espectadores, en función de cómo les va a quienes se mueven en un espectro similar a su ideología.

Aunque hoy son muchos los que fuera de Italia, se rasgan las vestiduras por el resultado, en algunos casos resulta lógica la decepción.

A la vicepresidenta de la Eurocámara, la victoria de Meloni le parece “preocupante”, aunque conviene recordar que Katarina Barley es miembro del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) y su decepción es lógica ya que sus “homólogos” italianos, el Partido Democrático ha obtenido un 18,96%, un mal resultado que ya ha provocado la dimisión de su líder Enrico Letta.

Tampoco le ha gustado el resultado a la vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo y Economía Social de nuestro Gobierno, ahora dedicada a tiempo parcial y compaginando sus labores ministeriales, a “edificar” su propia plataforma electoral, que lo ha calificado de “muy triste y preocupante”.

Posiblemente le habría encantado que el Movimiento 5 Estrellas, formación anti-sistema de populistas y descontentos de todo el espectro electoral italiano (a algunos les sigue recordando a Podemos), hubiera mantenido sus resultados de 2018, cuando fueron los ganadores con un 32,68%, pero “lamentablemente” han perdido un 60% de los votos y su 15,55% hace imposible la opción de gobierno para la izquierda y extrema izquierda.

Si bien el drástico cambio político producido en las urnas inquieta a algunos, nadie está facultado para “demonizar” las opciones que no son las propias y convendría dar un prudente margen de confianza para ver en la práctica cómo se desarrollan los acontecimientos y no considerar de antemano como un “error histórico” la decisión mayoritaria de los italianos de confiar su futuro a Giorgia “Melones” y a sus más extremos “compañeros de viaje”.