Yo por tí, tú por mí

Después de tanto tiempo perdido, la comunidad autónoma catalana vuelve a las urnas para decidir un nuevo gobierno regional que haga olvidar la sombría etapa que se cierra y haga frente de una vez por todas a los verdaderos problemas cotidianos de la población.

Los tres partidos abiertamente separatistas cuentan en la actualidad con 70 escaños y todo apunta a que podrían estar muy cerca de esa cifra y formalizar  un nuevo tripartito.

Como suele suceder, las encuestas no se ponen de acuerdo en los posibles resultados, pero sean los que sean, las combinaciones posibles son muy limitadas y en cualquier caso, queda descartado el pacto de los partidos constitucionalistas.

Animados por el “amigo” Tezanos y sus “certeras” predicciones del CIS, los socialistas fían un gran resultado a lo que ellos han dado en llamar “efecto Illa”, como si quien ha estado (demasiado tiempo para muchos) al frente del Ministerio de Sanidad, hubiera salido a hombros, vitoreado y triunfador, cuando lo cierto es que se marchó hace una semana, como si huyera, con más sombras que luces, con más pena que gloria, con una incidencia de casi 900 casos por 100.000 habitantes, un total acumulado de 2.630.000 contagios, un récord mundial de 112.000 sanitarios contagiados y lo que es más lamentable, más de 55.500 fallecidos según “su” particular estadística.

Sea cual sea la “imagen que los ciudadanos tengan de él, lo cierto es que al menos, a juzgar por los carteles, su candidatura lo ha rejuvenecido una década.

Reducidos a 1/3 de la representación que en las anteriores les hizo ganadores, C´S parece condenado a recorrer un preocupante calvario de descenso y los dos grandes partidos separatistas lucharán encarnizadamente por lograr el liderazgo, quedando el resto condenados a una representación casi residual con escaso poder de decisión.

No hace falta ser un experto analista político para trazar una hipótesis personal de lo que podría suceder en Cataluña a partir del próximo día 14.

ERC, desde aquella histórica moción de censura que descabalgó al “registrador”, ha demostrado sobradamente que apoyar a un gobierno del PSOE es lo más favorable a sus intereses “nacionalistas” que podrían encontrar en el panorama político español, más allá de los próximos indultos.

Y con esa premisa, ha venido apoyando al gobierno social comunista, en la certeza de que las dimensiones de sus logros están condicionadas a su mayor o menor grado de complicidad con los de Sánchez.

Si ya es curioso que las votaciones sean precisamente el día de los enamorados, no lo será menos, si la salida de las urnas la hacen, cogidos de la mano, socialistas y republicanos de Esquerra, en un premeditado “enamoramiento”, que beneficie a ambos, eso sí, si en el recuento, entre ambas formaciones sumaran los 68 escaños que suponen la mayoría.

Si así fuera, ERC presidiría el gobierno autonómico e Illa, desinflado su “efecto”, podría aspirar a la vicepresidencia; sería entonces cuando Sánchez, al margen de otros favores, podría devolver a los separatistas el de haberle hecho presidente del Gobierno de España; yo por ti, tú por mí.