Shock

Hay personas que hablan más de un idioma, pero eso no significa que comprendan al otro. En medicina, incluso hablando el mismo idioma, puede ocurrir que no solo entendamos al otro, sino que ni siquiera sepamos que nos dice, que solicita, que quiere.

En el idioma español se han incorporado palabras que provienen de otro, como por ejemplo; SHOCK, que se traduce por choque o conmoción, sin embargo, esto no parece aclarar mucho, porque el término choque, se identifica con chocar, contienda, combate, o incluso síndrome consecutivo a la disminución prolongada del volumen de sangre que circula.

No obstante, y acogiéndonos a esto último, podría interpretarse que sin perder sangre, esta no se encontraría en la cantidad que se considerase necesaria para que el cerebro, realizase las funciones que se conocen que realiza, y por consiguiente en esa conmoción, descubrir perturbación o agitación violenta. Tal perturbación, no habitual en un estado de sosiego o tranquilidad, incomodaría y originaría una respuesta no controlada.

Pues bien, a lo largo de nuestra existencia, se producen situaciones que nos originan un SHOCK, que se produce por un acontecimiento traumático, y este se relaciona con algo que se rompe, se quiebra y se separa.

Así mismo, produce un vacío impidiendo a la persona recolocarse en si misma, y entender lo que ha pasado o le está pasando, y deambula, como un zombie (atontado) entre los restos de lo sucedido.

Pues bien, para intentar recomponernos de un SHOCK, debemos conocer distintos temas, y sobretodo, una vez reconocidos, aplicarlos, porque como expresó Morpheo a Neo en la película Matrix “No es lo mismo conocer el camino que caminarlo” (aunque fuera con otras palabras, el significado es ese y no otro).

Todo lo que somos se compone básicamente de la relación cuerpo-mente (tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando, dicho transmitido sobre el poder ejercido por los Reyes Católicos, aunque Isabel, como sabemos por la historia, era Isabel), pero si tenemos conciencia de como influye el cuerpo en la mente y esta en el cuerpo, podemos discernir que ambos, se ven afectados cuando algún acontecimiento intempestivo irrumpe.

Ante esto, el efecto más inmediato es un sentimiento de irrealidad, incredulidad y perplejidad que impide pensar con normalidad entendiendo esta última como en condiciones corriente, ordinario, usual, o que se ajusta a ciertas normas de un pensamiento concreto, lógico.

En las circunstancias que con un denominador común conllevan a ese estado particular y personal de perplejidad, las personas podremos responder de dos maneras, que suponen las habituales, intentando recomponer inmediatamente y de forma automática lo destruido, como si no hubiera pasado nada o, caminar desorientados por un escenario que no es reconocido como suyo.

En el SHOCK hay que observar como se desarrolla en nuestro interior, el recuerdo del hecho traumático, con la realización de preguntas, como Por qué, Cómo, Quién, Cuándo, Dónde… Estas me recuerdan a una escena de la película “Los tres días del Cóndor” protagonizada por Robert Redford, él, en su papel de Cóndor pregunta al sicario, interpretado por Max Von Sydow : “¿Por qué?” Y le contesta este “Yo no pregunto por qué, pregunto cuando, a veces dónde y siempre cuánto”. La vida como en la contestación del mercenario se ha simplificado en una pregunta : ¿Cuánto? Porque si pensamos, los seres humanos no hacemos otra cosa que cuantificar, cuánto cuesta el desplazamiento, el tratamiento, la indemnización etc…

A veces, tras un SHOCK, no se recupera las funciones anteriores antes de sufrirlo, tampoco a los seres queridos, y si lo eran, ni un trabajo como el perdido, ni muebles o cosas que contenían los mismos, pero siempre sin lugar a dudas, se buscan culpables e indemnizaciones, y por tanto la pregunta es siempre : ¿Cuánto? 

Todos somos diferentes, pero de alguna manera iguales o parecidos en nuestros comportamientos, por eso ante una situación traumática y el SHOCK correspondiente algunas víctimas quedan ancladas en esa vivencia traumática y no logran ni reprimirla, ni borrarla, ni asimilarla.

Sufren pesadillas recurrentes y los pensamientos se repiten de manera involuntaria consecutivamente,  provocando ansiedad, crisis respiratorias o llantos incontrolados. 

Respecto a una tragedia suele aparecer culpa (he dicho suele), reproches o se dicen frases como : “si hubiéramos hecho esto o aquello”. Lo que sucedió nos conecta con otros traumas anteriores, y renacen sensaciones de incomprensión, injusticia e incluso de mala suerte. 

Aquellas personas que han perdido un ser que no solo era llamado sino que lo era, querido, deben realizar un duelo, en el que siempre les quedará un vacío, que no podrá suplirse con nadie, ni nada, aunque les indemnicen para vivir después de una situación traumática y del consiguiente SHOCK, hay que hacerlo, no hay que decirlo, aunque algunos se sienten mejor si se dice y se hace, pero los hechos son los que realmente cuentan.