MORANTE HACE FALTA A LA FIESTA
Por, Francisco Javier Gallego Martín
Antes de su regreso a los ruedos tras su simulada retirada la temporada pasada, concedió una
entrevista Morante de la Puebla donde se atrevió a decir que volvía a los toros porque se lo
habían pedido, y que, aunque estuviera mal en decirlo, porque hace falta. Claro que cuando lo
oí, lo primero que se me vino a la mente fue que este torero era todo un engreído. Sin embargo
me hizo pensar una y otra vez en el mensaje, y me hizo reflexionar sobre algo que vengo
afirmando desde hace tiempo. «A la Fiesta de los Toros le hace falta alguien que lo vuelva a
poner de moda»

Siendo muy niño empezaron a interesarme las corridas de toros y sobre todo los toreros, esos
personajes que llegaban por los distintos medios de comunicación, periódicos, revistas, nodos,
radio televisión, convertidos en héroes. Unos héroes que no eran menos que los idolatrados
ases del fútbol del momento. Y fue precisamente con Manuel Benítez El Cordobés quien me
llamó la atención sobre todos los demás. Fuera por lo que fuera, posiblemente por la campaña
que le hizo El Pipo y a la que dieron periodistas de todo el mundo, taurinos y no taurinos.
Todavía recuerdo el día que vino mi padre del trabajo antes de tiempo porque la fábrica
adelantó la hora de salida para que los trabajadores pudieran ver la corrida televisada y en la
que toreaba el de Lora del Río. Qué cosas, un torero que llegó a parar un país para que lo
pudieran ver por la tele.
Pasando los años y cuando la Fiesta pasaba malos momentos, también en un programa de
televisión y delante de la conductora del programa, Mercedes Milá, y de los toreros José Mari
Manzanares y de José Miguel Arroyo “Joselito”, un torero joven Jesús Janeiro “Jesulín de
Ubrique” tuvo la ocurrencia de bajarse los pantalones y calzoncillos a la vista enseñar las
cornadas sufridas en su corta carrera. Aquel día el torero gaditano comenzó a ganar dinero a
espuertas e hizo que muchos toreros que tenían ya olvidados los trastos de torear y apartadas
sus ilusiones volvieran a torear y algunos también a ganar dinero. Vinieron unos años muy
buenos para toreros, ganaderos y empresarios. Los toros estaban otra vez de moda. Había que
ir a Las Ventas en la Feria de San Isidro, si querías ser alguien, a lucir palmito, a arrimarse a
alguien importante, a ver si se hacía un buen negocillo, con un buen cigarro y un buen
güisquito en la barrera. Coño, otra vez los toros de moda. Si había semanas donde se daban
toros todos los días en televisión. Algunas con un único espada, Jesulín , y solo para mujeres
que llenaban la plaza y mientras el torero daba la vuelta al ruedo le lanzaban su ropa interior.
Sí que es verdad que no son precisamente ejemplo de torero ortodoxo el de estos dos
personajes, pero nadie puede negar su contribución a las colas en las taquillas. Quise creer que
con El Juli siendo casi un niño y que llenaba las plazas hubiera sido un revulsivo o incluso el
caso más reciente de Marcos Pérez. Pero en estos tiempos donde además hay una hostilidad
creciente hacia nuestra Fiesta Brava se hace necesario que todos aportemos y los
profesionales los primeros.
¿Y por qué no puede ser que la primera figura del momento, Juan Antonio Morante,
inmodestias aparte, se ponga delante de todos como el líder que estamos buscando?, ¿por qué
no?
La lástima es que no lo haya hecho antes, pero ahora es un buen momento, claro que sí.
Estamos ante un torero de los más importantes de la historia, donde se ha propuesto ser un
catecismo viviente de las suertes del toreo, muchas olvidadas en crónicas antiguas y en las
estampas de La Lidia.

Ante la monotonía de ver a las figuras de ahora y los últimos años, donde
dejan pasar el tercio de varas sin ton ni son unas veces para no molestar al toro y otras para no
hacerlo al compañero, donde el tercio de banderillas intentan dejarlo en dos pares hurtando al
público de uno de ello y donde el tercio de muerte lo hacen interminable y aburrido,
repitiendo todos la misma faena, una serie con la derecha de cuatro o cinco muletazos
seguidos de un cambio de mano por la espalda y por el mismo pitón hacer un pase de pecho, y
después de esa serie otra y otra y otra igual, y si aún quieren agradar un poquito se echan la
muleta a la izquierda para darle dos o tres pases escondiéndole el engaño al toro para que no
repita y no moleste. He llegado a ver faenas con casi ochenta pases, ochenta arrancadas del
toro, donde no he oído ni un olé, pero el torero erre que erre.
El otro día el público quiso sacar a hombros por la Puerta del Príncipe al torero de La Puebla, y
qué, ¿pasa algo porque el público soberano llevado por el júbilo del momento tome una
decisión contra todo reglamento?. Vamos a ver, si los reglamentos han venido a dejar por
escrito lo que la costumbre ya ha hecho ley. Que no salió, tampoco pasa nada. Lo importante
es lo que vimos. Una lidia completa, variada en el primer tercio, luminosa en el segundo y
soberbia en el último. Y habrá alguien que diga que con ese toro sí pero no con el de Madrid.
No sé yo si habrá algún torero hoy capacitado para hacer lo que hizo Morante en la
Maestranza, ni aunque se lleve el torito de sus sueños dentro del esportón.


